El concepto de hormesis
¿Crees que tengo ganas de complicarme la vida buscando incomodidad?
¿Y si eso que es tan fácil de decir y tan difícil de poner en práctica —o eso pensamos— fuera precisamente la base para vivir con más salud?
Intuitivamente sabemos que vivimos en condiciones de extrema comodidad. Nuestro principal reto es mantener una relativa estabilidad, viviendo una vida cada vez más esterilizada, climatizada y recluida, lejos de nuestra naturaleza más primitiva. Pasar hambre, sed, exponernos a temperaturas extremas —tanto de calor como de frío—, redescubrir el aburrimiento por poco que sea al aire libre, e incluso pensar en la muerte, puede ayudarnos a vivir esta vida con más serenidad y plenitud.
“Vivir con miedo es lo peor que hay. Y sí, a veces, el miedo es el riesgo más grande.”
Qué es la hormesis
El concepto de hormesis hace referencia a las adaptaciones beneficiosas que los seres vivos han desarrollado para sobrevivir a situaciones adversas causadas por los cambios constantes del entorno. Este fenómeno ha sido clave para la evolución de las especies, y también sirve para medir la capacidad de un organismo para adaptarse, recuperarse y rendir ante los retos: reparación celular, resistencia a enfermedades, proliferación celular, envejecimiento y longevidad. En definitiva, es esencial para sobrevivir en entornos difíciles.
En la actualidad, el aumento de enfermedades crónicas —autoinmunes, metabólicas, cardiovasculares o tumorales— se ha acelerado. Aunque este incremento está relacionado con una mayor longevidad, también se atribuye a nuevos desafíos: el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, el nivel socioeconómico, las toxinas modernas, factores nutricionales o el abuso de sustancias, entre otros. Estos factores provocan una inflamación de bajo grado causada por una activación excesiva e inadecuada del sistema inmune innato, con señales de peligro que no existían durante la evolución humana.
Mientras que nuestros antepasados se enfrentaban a peligros monometabólicos como el hambre, el frío o la sed, hoy nos vemos sometidos a múltiples riesgos metabólicos a la vez.
Este cambio ha llevado a un hipometabolismo que observo en muchos pacientes en consulta. Para lograr mejor salud y organismos más resistentes, es fundamental un preacondicionamiento que permita respuestas horméticas beneficiosas, similares a las que provoca una vacunación: preparar el cuerpo frente a posibles amenazas.
Nuestro genoma está adaptado a condiciones intermitentes de estrés: el hambre, la sed, las infecciones, el ejercicio, el frío o el calor. Sin embargo, durante los últimos 150 años, la comodidad moderna (comida preparada, refugio constante, fármacos…) ha fomentado un estilo de vida sedentario que puede considerarse una enfermedad en sí misma.
El preacondicionamiento a situaciones básicas como el ayuno, el frío, el calor o la hipoxia puede generar una mejor resistencia orgánica y flexibilidad metabólica, ayudando al cuerpo a estar más preparado para los desafíos de la vida moderna, con más salud y menos riesgo de enfermedad.
Los pilares del método y sus beneficios
Respiración
Reducción del estrés.
Fortalecimiento del sistema inmune.
Mejora del rendimiento deportivo.
Incremento de la energía.
Conexión profunda entre cuerpo y mente.
Frío
Mejora del sistema cardiovascular.
Incremento de la resiliencia y la fortaleza mental.
Reducción de la inflamación y el dolor.
Mejora de la recuperación muscular.
Activación del metabolismo.
Mejora de la energía, la motivación y el estado de ánimo, gracias a la liberación de noradrenalina y dopamina.
Estimulación de la grasa parda, que favorece una mejor respuesta a la insulina, el control glucémico y el metabolismo basal.
Foco mental
Ayuda a salir de la zona de confort.
Mejora la concentración y la atención plena.
Facilita la creación de nuevos hábitos saludables.
Pequeños actos, gran impacto
Vivimos en una era de inmediatez, donde lo queremos todo rápido y sin esfuerzo. Buscamos resultados sin pasar por el proceso, conocimiento sin aprendizaje, soluciones mágicas en forma de pastilla, comida saludable sin cocinar. Nos hemos acostumbrado a buscar atajos, a querer llegar antes de haber empezado a caminar.
Pero la verdadera transformación no está en la inmediatez, sino en la experiencia. Y aquí es donde estos pequeños actos de incomodidad intencionada se convierten, en el fondo, en hábitos:
Espaciar las comidas, moverte en ayunas y escuchar la intuición a la hora de alimentarte.
Pasar el máximo tiempo posible al aire libre, sobre todo por la mañana y por la noche.
Meditar o realizar actividades que te conecten con tu esencia y te relajen.
Exponerte al frío para fortalecer el cuerpo.
Cultivar relaciones sociales y afectivas saludables.
Reducir la exposición a tóxicos en tu entorno.
Como dice una frase que leí hace tiempo: “el ser humano es capaz de protagonizar momentos mágicos, a veces con solo prestar atención.” Nos recuerda la importancia de vivir el presente, de habitar cada momento con consciencia.
La transformación no es un destino, sino un camino que hay que recorrer con paciencia.
Mejorar el estilo de vida no debería hacernos sentir encadenados, sino libres. No se trata solo de entenderlo con la mente, sino de sentirlo con todo el cuerpo. Se tiene que vivir.